El riesgo geopolítico suele impulsar la demanda de bonos soberanos. El miércoles 2 de septiembre ocurrió algo distinto al inicio: cayeron las acciones y los precios de los bonos, mientras subía el petróleo. La escalada militar cerca del Estrecho de Ormuz encontró mercados de deuda ya presionados por inflación, déficits públicos y una amplia oferta de nuevas emisiones.
El Brent llegó a US$97,04 por barril y retrocedió a US$94,22 a las 13h04 GMT. Ese día, el rendimiento del Treasury a 10 años alcanzó el 4,8182%, cerca de su mayor nivel en tres años. Los rendimientos suben cuando bajan los precios de los bonos.
El choque encontró tasas que ya eran altas
La transmisión comenzó por la energía. Estados Unidos atacó objetivos militares iraníes cerca de Ormuz; Irán afirmó haber alcanzado activos estadounidenses en la región. Antes del conflicto, el estrecho transportaba cerca de un quinto del petróleo y el gas natural licuado consumidos en el mundo, según Reuters. El martes cruzaron cuatro buques de materias primas, frente a un promedio de 13 en los diez días previos. Los datos preliminares pueden cambiar cuando las embarcaciones reactiven sus transpondedores.
El tránsito físico continuó: 17 millones de barriles atravesaron Ormuz el lunes, informó el secretario de Energía estadounidense. La oscilación intradiaria del Brent reflejó el riesgo de interrupción, que elevó la prima, y el flujo efectivo, que evitó un alza continua.
| Señal intradiaria | Lectura del 2 de septiembre | Consecuencia inmediata |
|---|---|---|
| Brent | máximo de US$97,04 por barril | mayor riesgo de inflación energética |
| Treasury a 10 años | máximo del 4,8182% | menor precio de los bonos y mayor tasa de descuento |
| CME FedWatch | 64,2% de probabilidad de un alza de 0,25 puntos porcentuales | el mercado incorporó una política monetaria más restrictiva |
Fuentes: Reuters y CME FedWatch. Cotizaciones intradiarias; probabilidad de un alza de la Fed a las 11h26 CT.
La segunda parte vino del mercado de bonos. Los gobiernos necesitan financiar más deuda, los inversionistas piden mayor prima por vencimientos largos y las empresas de alta calidad compiten por el mismo capital. El petróleo añadió riesgo de inflación a una venta global de bonos que ya estaba en curso. Por eso, la aversión al riesgo no provocó una baja generalizada de los rendimientos soberanos.
La presión llega a las carteras por dos vías
Las mayores tasas largas reducen el valor presente de las ganancias futuras y encarecen el refinanciamiento. El impacto aparece primero en empresas cuyas valuaciones dependen del crecimiento a largo plazo, negocios endeudados, construcción y consumo financiado. Aerolíneas, transportistas e industrias intensivas en energía pueden sufrir menores márgenes si el combustible sigue caro.
En las monedas, la dirección depende de la balanza energética y del diferencial de tasas. Los importadores netos de petróleo tienden a sufrir más; los exportadores pueden recibir apoyo comercial, pero siguen expuestos a salidas de capital por mayores rendimientos estadounidenses. En el crédito, el riesgo aumenta cuando el financiamiento y los insumos se encarecen a la vez.
La prueba ahora tiene tres fechas. El informe laboral estadounidense sale el 4 de septiembre, la inflación al consumidor el 11 de septiembre y la Fed decide las tasas el 16 de septiembre. La probabilidad implícita de un alza de 0,25 puntos porcentuales era del 64,2% en CME FedWatch, frente al 36,6% una semana antes. El cambio de precios tras el discurso de Kevin Warsh recibió otro impulso del petróleo.
Flujos más regulares por Ormuz y una reversión del alza del Brent reducirían la presión inflacionaria. Un rendimiento a 10 años cercano al 5%, petróleo por encima de US$100 o una nueva caída del tránsito indicarían que el choque pasó de los titulares al costo de capital. Hasta entonces, acciones y bonos comparten la misma vulnerabilidad: energía cara sobre tasas ya elevadas.